No podía creer que Ian la tratase de esa manera y que pensara que esperaba un hijo de otra persona; él no entendía nada y ella no tuvo oportunidad de explicar, Ian no la había dejado hacerlo.
—Ni siquiera puedo tener un hijo propio —solloza, recordando que tiene un ovario defectuoso.
Luego de media hora de llorar a cal y canto y de que su cuerpo dejara de convulsionar, quedó hecha un ovillo en el suelo. El timbre suena, pero no se molesta en averiguar de quién se trata; deja que suene «en algún momento quien esté llamando se cansará y se irá». Pero la persona que llama no se quedó con que no la atendieran y decidieran entrar por su propia cuenta.
—¿Sofi?… ¡Sofi! —grita el boricua al verla tirada en el suelo. Corre hacia ella cayendo de rodillas a su lado, pensando que estaba desmayada o peor. Cerrándola en sus brazos la gira para que de frente a él—. ¿Qué está mal? —pregunta preocupada y un poco aliviado al ver que no estaba desmayada ni peor.
—Ian —susurra y comienza a llorar de nuev