Los ojos de Sofi se aguaron cuando diviso la casita, el lugar era precioso, una pequeña cabaña en medio del valle. Era blanca, su puerta de color rojo, al igual que el tejado. Al entrar (en los brazos de Ian, como se supone que tienen que entrar la primera noche de casados a su casa) observa el lugar, todo su entorno era de color ocre y marrón, haciendo sentir cálido y acogedor. Ian la lleva directo a una de las dos habitaciones que contienen la casita y la deposita con cuidado en el suelo.