—Sofi —se escucha la voz de su mejor amigo.
—Tony —chilla esta y sale corriendo hacia su amigo.
—Felicidades. Al fin se ponen de acuerdo —le susurra al odio, la joven asiente moviendo la cabeza que tenía escondida en el pecho de él—. ¿Cómo estás?
—Feliz —exclama con los ojos brillando y extasiada de felicidad y amor.
—Se nota —mira por detrás de ella—. No hubiera estado mal que el esposo corriera a abrazarme —ella lo pellizca en el estómago—. Auch —chilla él.
—Vengo a abrazarte yo y quieres que lo haga mi esposo? —pregunta medio en broma.
—Espera, no me dejes terminar. Dije que no estaría mal que tu esposo hubiera corrido a abrazarme, también. ¿Entiendes? —miente con descaro.
—Eres incorregible —sonríe ella.
—Lo sé, por eso me amas —articula con suficiencia—. Vamos con los demás —Pasa un brazo por sus hombros y se acercan a sus amigos, que ya se encontraban en medio de la pista, bailando y riendo.
Llegada la noche, Sofi se situaba en una silla deleitando sus ojos, observando con deten