Sofi se encontraba frente a una capilla de estilo siciliana, toda adornada con claveles y margaritas. Ella vestía de novia, un vestido blanco de seda, el cual caía por su cuerpo suavemente hasta sus pies, dejando ver un atisbo de sus sandalias blancas con tacón, el vestido estaba atado en el cuello y la espalda descubierta. Una delicada corona hecha por margaritas por encima de su tocado castaño y un ramo de las mismas flores sostenido por sus manos. Los nervios hacían estragos en ella, pero no se dejó amedrentar; Estaba feliz, eufórica, tenía ganas de gritar, reír, llorar. Todavía no podía creer que era ella quien vestía de novia y lo mejor de todo era que parecía que se casaban de contrabando, era mejor que lo que redactaban en los libros.
Una gran mano se posó en su espalda provocando que dé un respingo del susto.
—¿Preparada? —le pregunta Vicente en voz baja. Él era quien iba a hacer el papel de padre que entrega a la novia y parecía estar más nervioso que la novia misma.
—No —bal