Giacomo pisó el freno con brusquedad, haciendo que los neumáticos chirriaran contra el asfalto con un fuerte sonido. Golpeó contra el volante y soltó una maldición. Le tomó solo unos segundos darse cuenta de que la mujer a la que había estado a punto de arrollar no era otra que Arianna. Se bajó apresurado del coche y se acercó a ella.
—Arianna, ¿qué demonios estabas…? —Sus palabras murieron al verla desplomarse.
Giacomo no fue lo suficientemente rápido para atraparla antes de que golpeara el su