Giacomo le tendió la mano a Damiano. A diferencia del incómodo almuerzo que habían compartido un tiempo atrás, en esa ocasión la cena había fluido de manera amena. Debía de admitir que Damiano no era un completo idiota cuando no estaba coqueteando con Carmine.
—Hasta pronto —se despidió Damiano y se dio la vuelta.
Durante unos segundos, Giacomo lo observó marcharse y luego regresó al interior del departamento. Se dirigió directo a la habitación principal, apagando las luces en el camino. Al lle