Giacomo se apartó ligeramente de Carmine cuando el sonido de los aplausos y vítores finalmente logró abrirse paso en su mente, recordándole que no estaban solos. Con la respiración entrecortada, mantuvo su frente apoyada contra la de ella, incapaz de apartar la mirada.
Carmine estaba deslumbrante. Parecía irradiar una luz propia, un aura resplandeciente que hacía que todo a su alrededor se desvaneciera. La sonrisa que curvaba sus labios reflejaba la suya propia.
Ella por fin era suya, oficialmen