Nicolo levantó su vaso, atrayendo la atención de todos, y se aclaró la garganta con un gesto teatral. Giacomo, sentado del otro lado de la mesa, se tensó ligeramente, anticipando lo que su amigo iba a decir. Tratándose de él nunca sabía que esperar.
—Quiero hacer un brindis por Giacomo y su inminente boda —anunció Nicolo con una sonrisa amplia—. Jamás pensé que volvería a ver a este hombre pasar por el altar por su propia voluntad. Pero, como todos aquí sabemos, basta con conocer a Carmine para