Ni la climatización del auto era capaz de aplacar el sofocante y tenso ambiente que existía entre ambos. Llevaban la mitad del recorrido y no se habían dirigido la palabra.
Darren tenía los nudillos blancos de apretar el timón y presionaba los dientes molesto, ya se estaba cansando de los aires de magnate de su compañero y por mucho que fuera su pareja predestinada todo tenía un límite y el suyo estaba rozando el fin. Jules por su parte miraba el paisaje desplazarse por la ventanilla, aunque ap