–Jules, Jules, despierta, ya llegamos– llamó fuerte mientras estacionaba el auto delante de la mansión y salía sin mirarlo, cogiendo las maletas y caminando hacia la entrada con paso violento. El viaje no había aminorado su malestar. Ni siquiera ver el ceño fruncido de su pareja cuando dormía lo ayudaba, eso alteraba más a su lobo. Entró por la puerta de un empujón y casi tumba a Steicer en el camino.
–Oye hermano, que no vives solo– El beta apenas se inmutó con sus palabras–¿Qué mosca le ha pi