Jules y Blaren respiraron agitados en el borde del peñasco. Estaban agotados y no paraban de llegar personas. Después que la puerta fuera abierta, ninguno de los presentes se esperaba que ellos hubieran salido de la jaula, así que el factor sorpresa fue definitivo para poder ganar algo de terreno.
Ambos estaban con el pelaje cubierto de sangre de sus agresores y sus mandíbulas dolían por el esfuerzo de atacar sus cuellos. Para Jules que nunca había matado a persona alguna, le resultó repulsivo