Darren miraba como su compañero caminaba de un lado a otro en la alcoba de su apartamento. Se deleitaba con el movimiento de sus caderas y de esas piernas que anteriormente lo habían acogido con seducción entre ellas. Jules no lo miraba hacía horas, si bien el sonrojo en su rostro, era evidente cada vez que le hablaba o hacían algún contacto físico forzado por él. Sabía que él estaba avergonzado, pero de que había respondido a su más natural instinto, lo había hecho y tanto él como su lobo esta