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—Tienes una cortada en la cara... —Olivia levantó la mano para tocarlo, pero Alejandro la detuvo. El aroma de Olivia lo estaba volviendo loco desde que estuvieron tan cerca en el cuarto de baño esa mañana, y ahora, mientras lo miraba con esos ojos brillantes y preocupados, no era capaz de resistirse a tocarla. Gruñendo, se apartó y empezó a ponerse la ropa.
—Date la vuelta o cierra los ojos.
—¿Por qué? —El tono coqueto de Olivia le hizo estragos en el vientre—. Si hay mucho que quiero ver.
—Est