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—No te pongas tenso.—Olivia le hizo un guiño y le pasó al lado rozándole el pecho.—Ale.
Lo último hizo reír al alfa. Sin lugar a dudas esa faceta de Olivia le encantaba. En el pasado, Olivia nunca se había mostrado celosa porque sabía que Alejandro era una apuesta segura. Pero ahora, el monstruo verde de los celos se había apoderado de la pequeña omega.
—Recuerda los límites, Olivia.
—¿Le dices lo mismo a ella?
—¿A qué te refieres?
—Es tu agente de bienes raíces pero la invitas a desayunar con