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—No te pongas tenso.—Olivia le hizo un guiño y le pasó al lado rozándole el pecho.—Ale.
Lo último hizo reír al alfa. Sin lugar a dudas esa faceta de Olivia le encantaba. En el pasado, Olivia nunca se había mostrado celosa porque sabía que Alejandro era una apuesta segura. Pero ahora, el monstruo verde de los celos se había apoderado de la pequeña omega.
—Recuerda los límites, Olivia.
—¿Le dices lo mismo a ella?
—¿A qué te refieres?
—Es tu agente de bienes raíces pero la invitas a desayunar con tu familia y dejas que te abrace y te esté tocando.
—¿Eso es lo que hace?
—Además, esas sonrisitas que te da. ¿Acaso le pasa algo en el rostro? ¡Y su risa! ¿Cómo puede gustarte que se ría de cada cosa que dices? ¿Alguna vez toma las cosas con seriedad?
—No me había fijado.
—¿Cómo puede gustarte alguien así de inmadura?
—Me gustabas tú.
—Sí, pero yo soy tierna y adorable.—Olivia hizo un puchero.
—¿Y eso te justifica?
—Así que estás de acuerdo.
—¿En qué?
—Estás de acuerdo en que soy tierna y adora