.31.
Olivia había sentido miedo antes, en innumerables ocasiones. Pero nunca había sentido terror. Hasta esa tarde. El alfa tierno que la amaba, que la consentía y se sometía con gusto todo el tiempo ante ella, murió ante sus ojos.
—No importa lo que te diga...—Olivia se quebró, su voz estrangulada.—¿Tú nunca me vas a perdonar, verdad?
El alfa no respondió, simplemente se fue sin mirar atrás. Olivia se quedó ahí, viendo cómo todo terminaba. Sus esperanzas de ser perdonada murieron con cada paso que