.20.
Se internaron en el bosque; Olivia, a pesar de su naturaleza lobuna, no podía orientarse tan bien como Alejandro. Las omegas no eran tan dotadas de sentidos como los alfas. Así que solo lo siguió. La niebla invernal se sentía fresca en el aire. Olivia podía ver su aliento formando divertidas figuras cada vez que respiraba.
—¿A dónde me llevas?
—Quiero mostrarte algo. Bueno... un lugar.
—¿Acaso es un claro en el bosque o algún borde de un acantilado desde el que se pueden ver las estrellas?—Bromeó.—¿O quizás un lugar especial, donde hay un árbol con tu nombre y el mío tallado en un corazón?
—Lees demasiadas novelas, Olivia.
—¿Entonces no hay un árbol con mi nombre en él?
—Definitivamente hay algo que tiene tu nombre, amor. Pero es mejor que un árbol.
Caminaron lo que, a las piernitas de Olivia, le parecieron horas hasta que llegaron a una pequeña y bonita cabaña que estaba oculta de los ojos indiscretos de todos en ese pequeño pueblo.
—¡Wow, qué hermosa! —Se giró hacia el alfa y no le