Me mantuve inmóvil en el centro de la habitación, sosteniendo el frasco entre los dedos mientras sentía cómo la tensión del cuarto se disparaba.
—Nadie te está tratando como a un animal, Vesper —le dije con frialdad—. Te estoy ofreciendo la única alternativa limpia antes de que el calor de la manada comience en tres días.
—¡Pues no la acepto! —retó ella, dando un paso al frente, desafiante—. Si el Alfa quiere saber si miento, que me mire a los ojos y respete la palabra que te dio a ti, Gideon.