—Thomas... —susurré, poniéndome de pie despacio, con el corazón dándome vuelcos en el pecho—. ¿Qué pasó?
—Maté a Mayra —sentenció.
El aire de la sala pareció congelarse por completo. Las dos palabras cayeron como una guillotina, cortando el aliento de todas las presentes en un silencio sepulcral.
—¿Qué? —el murmullo se me escapó de los labios en un hilo de voz, sin poder procesar la magnitud de lo que acababa de escuchar.
Freya y Valeska se quedaron petrificadas, con los ojos abiertos de par en