—Thomas, me voy a... me voy a correr —jadeó ella, fuera de sí, con la mirada perdida en el techo y el pecho agitado.
—Correte en mi boca, Emma. Hazlo ya —le exigí en un gruñido.
Aumenté la velocidad de mis dedos adentro de su culo mientras sorbía su clítoris con fuerza. Emma soltó un alarido violento y se convulsionó entera sobre la cama. Su primer orgasmo la atravesó como una corriente eléctrica, haciendo que las paredes de su sexo me apretaran los dedos con espasmos deliciosos y salvajes. Me