Capítulo 19. Sensualidad a flor de piel.
Las pesadas puertas de la camioneta se cerraron, dejando atrás el bullicio de la gala y los destellos de las cámaras.
Amanda soltó un suspiro, esperando al fin tener un respiro, pero la tranquilidad le duró exactamente un segundo.
Víctor no se sentó del otro lado del amplio asiento como solía hacer; esta vez, se acomodó justo a su lado, tan cerquita que el roce de sus rodillas era inevitable.
El espacio se sintió pequeño de pronto y el aire se cargó de una corriente pesada.
De pronto, el celular