Capítulo 20. No me daré por vencido.
Víctor sentía que la sangre le hervía bajo la piel. Ver a su esposa allí, tan orgullosa, tan deseable y rechazándolo en su propia cara, lo estaba llevando al límite.
Sentía que si no la hacía suya en ese preciso instante, iba a reventar de la pura desesperación.
—Vamos a mi despacho —le ordenó con la voz casi irreconocible.
Le extendió la mano, esperando que ella la tomara como la esposa sumisa que alguna vez fue, pero Amanda ni se inmutó.
Lo miró con altivez y caminó por su cuenta, obligándolo