Capítulo 84. Un salto de fe
Irina estaba en shock, su madre pedía respuestas y Alex despotricaba en contra de James.
¿Y ella qué?
Caramba, era ella la principal perjudicada.
—Hasta cuándo, James —susurró sintiéndose desdichada por presenciar otro acto comprometedor y censurable de su marido.
Entonces Alex la agarró por los antebrazos y la apretó con fuerza, no como para dejarle cardenales, pero con la suficiente garra para expresar que era importante.
—Irina, mírame a los ojos y júrame que no sabías nada