Capítulo 67. Acorralada y sin salida
Bianca se encontraba en su salón privado, un entorno dedicado a su belleza y comodidad, un enorme espejo de cuerpo entero, una peinadora con luces, un maniquí con un vestido que ella misma había diseñado y sus costureras confeccionaban, libros y revistas en una mesa.
Bianca volteó a la puerta cuando escuchó que entraron sin anunciarse.
Su rostro palideció al ver la expresión de su padre.
—Salgan, voy a hablar con mi hija —exigió Marco—. Tanto la enfermera de turno como las costurera