Capítulo 58. La luz y la oscuridad
Irina no se quedó paralizada, corrió y le quitó las tijeras de las manos a la pequeña.
Ema lloraba desconsolada mirando la melena de cabello a sus pies, como quien observa la tragedia del crimen que acaba de cometer.
— ¡Ema! ¿Por qué cortaste tu cabello?
—Mi cabello es feo y mi mamá lo odia —dijo Ema, con tristeza—. Siempre dice que es un desastre, se me enreda y no puedo peinarlo y que quede como el de ella.
Irina sintió que las lágrimas se le agolpaban en los ojos. El sufrimient