Capítulo 58. Sombras y Vigilancias
El amanecer pintaba las murallas de la fortaleza con tonos dorados cuando Alina bajó a la enfermería. El aire olía a hierbas medicinales y a piedra húmeda. Liam, recostado en la cama, la recibió con una sonrisa cansada, pero auténtica.
—¿Qué pasó? —preguntó en cuanto la vio entrar.
Alina se acercó, tomó su mano y la apretó con cariño.
—El Consejo decidió liberarte. Tanto tú como Joseph ya no estarán encerrados. Pero estarán bajo vigilancia.
Los ojos del muchacho se iluminaron.
—¿De verdad? ¡E