Capítulo 37. Un suceso inesperado
La luz del amanecer se filtraba suavemente por los vitrales de la habitación, tiñendo las sábanas de tonos dorados y rosados. Alina fue la primera en abrir los ojos. Por un instante, no supo dónde estaba. Luego lo recordó: la noche anterior, el calor de Devon, su abrazo, sus labios… el amor que habían compartido. Giró lentamente la cabeza y lo vio dormido a su lado, el rostro relajado, casi juvenil, sin el peso de la responsabilidad que solía endurecer sus facciones.
Sintió una calidez nueva en