Capítulo 38. Enemigos familiares
El aire era denso, cargado de tensión. Devon se mantenía de pie, con los brazos cruzados, observando con ojos severos a los prisioneros. A su lado, Alina sentía el corazón acelerado, luchando por mantener la compostura. El reconocimiento de aquellos ojos brillantes fue inmediato. Joseph… y el otro, el que aún no levantaba la cabeza, tenía algo en la postura, en el temblor de sus manos, que le resultaba familiar. Muy familiar.
—Descubran al que falta —ordenó Devon con voz firme cómo si hubiera o