Capítulo 31. Los planes de Soriana
La furia era un incendio en su pecho, quemando cada vestigio de compostura que le quedaba. Soriana se encerró en su habitación, cerrando la puerta con un golpe seco, las manos temblorosas de ira. Caminaba de un lado a otro, los pies descalzos sobre la piedra fría, la mente llena de imágenes que la torturaban: Devon corriendo hacia Alina, alzándola entre sus brazos como si fuera su mayor tesoro.
—Debió haber muerto —susurró Soriana con voz rasposa—. Debiste haber muerto, maldita traidora.
Se dej