Capítulo 32. La ciudad
El golpe había sido más fuerte de lo que parecía, y aunque ella aún respiraba, su piel estaba helada, y una fina línea de sangre le corría por la sien.
—¡Que alguien traiga al sanador de vuelta! —rugió, su voz resonando como un trueno por los pasillos de piedra del castillo.
Dos Omegas salieron corriendo, mientras Devon revisaba con cuidado a Alina sobre la cama. Las velas parpadeaban a su alrededor, y por un momento, él sintió que el tiempo se detenía. Se arrodilló junto a ella, le tomó la man