Capítulo 24. Bajo la piel del lobo
La noche era húmeda y espesa como la niebla que se deslizaba entre los árboles del bosque. En la cabaña apartada del límite este del campamento, la única luz provenía del fuego bajo que crepitaba en el hogar. Afuera, los lobos aullaban en la distancia, y adentro, los cuerpos se encontraban sin palabras.
Soriana montaba sobre Carl, sus caderas dibujaban un ritmo tan lento como firme, como quien marca un territorio con cada movimiento. La sombra de sus cabellos se mezclaba con la suya, como dos l