Capítulo 121. Después de la batalla
El campo de batalla olía a hierro y ceniza. La niebla de la madrugada se mezclaba con el humo de las antorchas y el vapor que salía de los cuerpos caídos. El silencio, roto solo por gemidos y el tintineo ocasional de acero, parecía un susurro fúnebre que envolvía a todos.
Devon permanecía de pie, apoyado en su espada. Su respiración era profunda, controlada, pero sus ojos recorrían el panorama con una atención de depredador.
A su alrededor, sus hombres trabajaban con disciplina. Un grupo recogí