Capítulo 12. La voz que no esperaban
Soriana llegó al amanecer, fingiendo preocupación mientras las criadas recogían flores marchitas del patio interior. Con pasos suaves y rostro dolido, cruzó los pasillos de piedra hasta llegar a la cámara principal donde Martha, la madre del Alfa, tomaba su té frente al ventanal, rodeada de papiros antiguos y las sombras de la historia familiar.
—Madre —susurró con la voz medida—. Sé que no me corresponde quejarme, pero ya no puedo callar. Alina ha sido grosera. Me mira con desprecio, me ignora