[Donovan]
Los siguientes minutos fueron un torbellino de luces azules y rojas pintando la fachada violada de mi hogar provisional. Los agentes se movían con una eficiencia burocrática que me resultaba insufrible.
Cada pregunta, cada procedimiento, era un recordatorio de mi fracaso.
Mantuve a Cassia pegada a mi lado; su mano helada entre las mías. Ya no lloraba, pero seguía tensa, sobre todo alerta a cualquier movimiento extraño. Odiaba verla así.
Cada vez que un agente se acercaba, sentía cómo