La ira se reflejó en los zafiros de Brianna, una contenida, velada, tan cruda y dura que podría matar a alguien con su frialdad si lo quisiera; sin embargo, se vio interrumpida con un fuerte paso al frente y un sonoro grito:
—¡¿Cómo se te ocurre pegarle a…?!
—Si no quieres que te deje sin hijos, será mejor que te quites de mi camino —interrumpió la rubia, fulminándolo con una mirada severa que dejó a Owen de piedra y preguntándose quién era esta y qué había hecho con la Brianna que conocía.
Pero