POV Alaia:
Bien, él se fue. ¿Ahora qué?
Me remuevo, incómoda, atrapada en el sepulcral y frío silencio de la habitación. Jugueteo con mis manos sin saber precisamente qué hacer y de reojo observo a la mujer de pie frente a mí.
Una señora de unos cuarenta y tantos años, pero su piel permanece tersa y sana; el cabello castaño, casi rubio, se encuentra atado en un perfecto moño bajo y esos ojos azules tan fríos como el hielo me miran de pies a cabeza para luego dibujar en sus delgados labios una m