Narrador Omnisciente
El ocaso pintaba con tonos rojizos y ocres el pintoresco paisaje del mágico Palermo; aquel cuadro majestuoso auguraba la llegada de la noche. Mientras la ciudad se preparaba para la penumbra, una comitiva de camionetas negras se abría paso por un camino distante hacia la aislada villa de Lombardo, una mansión similar a un palacio y tan protegida como una fortaleza.
Alaia Evans, desde la ventanilla del auto, solo podía observar cómo se desvanecían poco a poco los edificios