Narrador Omnisciente:
La tensión se posó duramente en aquel sitio al ver a aquella rubia esbelta observando a Alaia con mirada de odio total desde lo alto del cenador. A aquella rubia le hervía la sangre en rabia, pero ocultó su ira detrás de una sonrisa burlona de superioridad, mientras se acercaba.
Nadie sabía cómo había llegado ahí; el harén (aunque vacío) estaba cerrado y no podría entrar nadie sin autorización. Además, ¿cómo sabía Gretta que Alaia se encontraba allí? Nada de aquello fue ca