LEONARDO
La Orden nos recibe con su habitual frialdad, pasillos de piedra blanca y silencio contenido. Antes de cruzar el umbral interior, me detengo y trazo el hechizo sobre Aria: símbolos complejos, antiguos, que se enroscan alrededor de su cuerpo como una segunda piel invisible.
Ocultar lo que es no resulta sencillo; la magia se me resiste, me quema en las palmas y me obliga a concentrarme más de lo habitual. Durante unos segundos temo fallar, pero finalmente el hechizo se asienta, camuflan