NARRADOR
La noche olía a tormenta, densa y cargada, como si el cielo mismo contuviera el aliento antes de quebrarse. Pero a Darius esas señales le resultaban insignificantes comparado con todo lo que ha pasado.
Había ocurrido lo que más temía: su caída.
Todo aquello que había tejido con paciencia casi infinita —alianzas, secretos, poder— se había derrumbado ante sus ojos como un castillo de naipes azotado por un viento traicionero.
Y en el centro de ese derrumbe… ella.
La mujer loba.
Desde el