GEMA
Creo que nunca he dormido tanto en mi vida.
Mi cuerpo aún lucha contra el Acónito, pero gracias a los cuidados y al tratamiento de Teresa (la sanadora), me siento mucho mejor.
Sigo en la cama, débil, porque mi sistema inmunológico todavía combate los efectos del veneno y, además, la herida que me dejó no se cura con la rapidez habitual de las regeneraciones de los cambiaformas.
Bueno, incluso se curan más lentas que las humanas…
Me llevo la mano al pecho, tocando con cuidado la zona afectada, pero la mirada de Teresa me fulmina al instante. Sabe lo que estoy pensando: la cicatriz será permanente, una marca como las que Seik tiene en el labio y en el rostro, también causadas por el Acónito.
La puerta se abre y me emociono al pensar que es Leonardo pero Elisabeth y Bel entran primero.
Ella se sientan en dos sillas y me parlotean sobre lo que ha pasado estos dias y de repente lo huelo, e intento incorporarme:
Aria aparece en mi campo de visión, la miro y me incorporo