Kain
El aire entra en mis pulmones a golpes, áspero, como si aún llevara dentro el olor a sangre y tierra húmeda. Me cuesta abrir los ojos; pesan, arden… pero cuando lo consigo, todo es confuso, sombras y luz difusa que no logro reconocer. Un gruñido bajo escapa de mi garganta al intentar moverme, y el dolor estalla en cada músculo.
Sigo vivo, contra todo pronóstico.
—¡Kain!—gritan casi al unísono mi madre y mi hermana.
Se abalanzan sobre mí sin contenerse, sus manos recorren mi rostro, mis br