Kain
—¡Has despertado! —exclama, con la voz cargada de alivio.
Mi madre y mi hermana la saludan con una sonrisa que lo dice todo… y, sin necesidad de palabras, se retiran casi de inmediato, dejándonos espacio. Antes de salir, eso sí, me lanzan un par de miradas cargadas de intención que no me pasan desapercibidas.
Bel se lanza hacia mí con la misma energía con la que ellas antes lo hicieron, casi chocando contra mi cuerpo, y me clava sus ojos negros en los míos. Por un instante aparto la mirada,