GEMA
Me detengo en seco y la observo. Sus movimientos son tranquilos, demasiado confiados, como si nada de lo que acaba de pasar pudiera alcanzarla. Mis ojos se clavan en ella, alerta.
—¿Quién eres? —pregunto, sin bajar la guardia.
La vampira suelta una risa baja, divertida, y ladea la cabeza antes de responder.
—No soy una amenaza para ti, ¿sabes?
Se apoya contra la pared con total calma y se enciende un cigarro. La llama ilumina su sonrisa ladeada por un segundo, suficiente para ponerme aún más tensa. Aspira despacio y deja escapar el humo con parsimonia.
—Pero eso ya lo sabes —añade—. Tus sentidos de mujer lobo ya te lo han dicho, ¿verdad ?. Sabes que no soy peligrosa… al menos no para ti.
La vampira ladea la cabeza y me observa con descaro.
—¿Y qué hace una mujer loba en un sitio como este?—esboza una sonrisa burlona—. Y no me cuentes excusas, ni me digas que eres de las que disfrutan que las muerdan… —añade, señalando mi cuello con dos dedos— porque no me lo creo.
—No