Gema
Un golpe suave, pero firme, resuena en la puerta y me hace despertar de golpe. Parpadeo, desorientada; la habitación está completamente a oscuras y ni siquiera recuerdo en qué momento me quedé dormida.
Y entonces lo huelo.
Ese olor inconfundible, es él…
Mi loba se despereza e incorpora de inmediato, impaciente, empujándome desde dentro para que me levante y abra la puerta.
Me giro hacia el reloj de la mesilla.
Las tres de la mañana.
Un escalofrío me recorre la espalda: ¿Qué hace Leo