Leonardo
Me está volviendo loco. No le hice daño, ¿Porque debería disculparme?
Tranquilízate. No eres un adolescente que se enfada porque le insultan. Si supiera el modo en que se forja a los primogénitos en la casa Rosedale, no se atrevería a decirlo.
—¿O qué? —me desafía, levantando la barbilla con un gesto insolente.
—Como tu supervisor, puedo castigarte. Y créeme, no seré indulgente.
Sus labios se entreabren, muda por un instante. Veo cómo un escalofrío le recorre la piel, apenas perce