GEMA
El salón de la manada estaba sumido en un silencio denso, casi antinatural. Las velas colocadas en los extremos del salón ardían sin titilar, como si incluso el aire tuviera miedo de moverse ante la entrada del nigromante, el hermano de Bel impone respeto y, nunca lo admitiré pero un poco de miedo también.
Se sentó al lado de su hermano que lo miró con recelo y la capucha de su abrigo cayó hacia atrás, revelando un rostro afilado, pálido, marcado por ojeras profundas que no eran fruto del cansancio, sino del trato constante con la muerte. Eso contrarrestaba con su cuerpo atlético y ancho que impone respeto. La primera vez que nos vimos en lo único en lo que me fijé fue en sus tatuajes espeluznantes la verdad.
El nigromante recorrió con la mirada a todos los presentes: Carlisle, Leonardo, Kevin, Elisabeth, Kain, Bel… y a mí. Se detuvo apenas un segundo más de lo necesario, como si nos estuviera midiendo, y luego nos saludó con una leve inclinación de cabeza.
El silencio que dejó t