GEMA
El salón de la manada estaba sumido en un silencio denso, casi antinatural. Las velas colocadas en los extremos del salón ardían sin titilar, como si incluso el aire tuviera miedo de moverse ante la entrada del nigromante, el hermano de Bel impone respeto y, nunca lo admitiré pero un poco de miedo también.
Se sentó al lado de su hermano que lo miró con recelo y la capucha de su abrigo cayó hacia atrás, revelando un rostro afilado, pálido, marcado por ojeras profundas que no eran fruto del