Alina no debió aceptar.
Lo supo desde el momento en que abrió los ojos esa mañana.
Desde ese instante en el que recordó la conversación de la noche anterior…
la invitación…
y su respuesta.
—Lo pensaré.
Debió haber dicho que no.
Debió haberlo ignorado.
Debió haberlo evitado.
Pero no lo hizo.
Y ahora…
era tarde.
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El ala norte del palacio era diferente.
Más silenciosa.
Más abierta.
Más… libre.
Los jardines se extendían con una belleza natural, menos estructurada que el resto del palacio. Flores