Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire no volvió a la normalidad.
No después de eso. Aunque la música siguió, las conversaciones continuaron y el evento avanzó como si nada hubiera pasado… Alina sabía que algo había cambiado. Otra vez. Y esta vez… no era solo ella. —Debo admitir que eso fue interesante —comentó el duque de Arven con una ligera sonrisa. Alina lo miró apenas. —No lo fue. —Claro que sí. Él inclinó un poco la cabeza, observándola con atención. —No todos se atreven a decirle que no. Alina desvió la mirada. —No es algo que planee repetir. —¿Por qué no? Silencio. —Porque no vale la pena. La respuesta fue automática. Pero no del todo real. El duque no respondió de inmediato. Solo la observó. Como si intentara leer algo más allá de sus palabras. —No lo parece —dijo finalmente. Alina frunció ligeramente el ceño. —¿Qué? —Que no valga la pena. Silencio. Corto. Incómodo. Pero antes de que pudiera responder… una voz interrumpió. —Alina. Otra vez. Darian. Pero esta vez… no sonaba igual. No era frío. No era controlado. Era… tenso. Alina giró lentamente. Y ahí estaba. De pie a pocos metros. Con la mirada fija en ella. Y algo en su expresión… no era normal. No estaba calmado. No estaba indiferente. Estaba… al límite. —Necesitamos hablar —dijo. Directo. Sin rodeos. El duque miró entre ambos. —Puedo retirarme— —No —respondió Alina con calma. Pero esta vez… no fue igual. Porque su voz no estaba completamente firme. Y Darian lo notó. Claro que lo notó. —Ahora —añadió él. Un paso más cerca. —No. Otro paso. —Alina. —Darian. Silencio. Pesado. Peligroso. El duque observaba. Y eso solo empeoraba todo. —No voy a repetirlo —dijo Darian en voz baja. —Entonces no lo hagas. El golpe fue directo. Pero esta vez… no lo detuvo. Darian avanzó. Acortando la distancia de golpe. Demasiado rápido. Demasiado cerca. Alina no tuvo tiempo de reaccionar cuando él tomó su muñeca. Firme. Sin suavidad. El contacto fue inmediato. Intenso. —Ven conmigo. La orden salió más baja. Pero más fuerte. Más real. Alina se tensó. —Suéltame. —No. El duque dio un paso adelante. —Alteza, creo que— —No te metas. Darian ni siquiera lo miró. Su atención estaba completamente en ella. Y eso… lo hizo peor. Mucho peor. —Te estás pasando —dijo Alina, más seria ahora. Pero no se soltó. No podía. Porque su agarre… no era suave. —No lo entiendes. —No hay nada que entender. —Sí lo hay. Sus voces estaban bajas. Cercanas. Cargadas. —No te acerques a él. Ahí estaba otra vez. La orden. Pero ahora… no era solo autoridad. Era algo más. Algo que él no podía controlar. Alina lo miró fijamente. —No tienes derecho. —Sí lo tengo. —No. Silencio. Un segundo. Dos. Y entonces… él lo dijo. —No lo toques. El mundo se detuvo. Literalmente. Porque esa frase… no tenía nada que ver con deber. Ni con compromiso. Ni con obligación. Era otra cosa. Algo crudo. Algo real. Algo que no debía estar ahí. El duque lo notó. Alina también. Y eso… lo cambió todo. —¿Perdón? —susurró ella. Darian no retrocedió. No corrigió. No explicó. —No quiero que te acerques a él. La tensión subió. Más. Mucho más. Alina sintió su pulso acelerarse. Y eso… la enfureció. —No decides eso. —Sí. —No. Darian apretó más su muñeca. No lo suficiente para lastimar… pero sí para marcar. —Deja de actuar como si no importara. El golpe fue directo. Pero ahora… ella lo entendía. Demasiado. —Entonces deja de actuar como si sí. Silencio. Explosivo. Irreversible. Porque ambos sabían lo que había ahí. Pero ninguno lo iba a decir. El duque dio un paso más. —Esto no es apropiado— —No lo es —lo interrumpió Alina. Sin apartar la mirada de Darian. —Y termina ahora. Tiró ligeramente de su mano. Y esta vez… él la soltó. De golpe. Como si hubiera cruzado una línea. Como si él mismo lo hubiera sentido. Retrocedió un paso. Respirando más fuerte de lo normal. —Esto no ha terminado. La frase salió baja. Pero no firme. No como antes. Ahora… era inestable. Y eso… lo hacía más real. Más peligroso. Alina se quedó inmóvil unos segundos. Mirándolo. Procesando. Sintiendo. Y por primera vez en mucho tiempo… algo se rompió en su control. Porque eso… no había sido indiferencia. No había sido obligación. No había sido nada de lo que ella había intentado convencerse. Eso… había sido otra cosa. Y eso… la asustaba. Darian se giró. Y se fue. Pero no como siempre. No con control. No con calma. Sino con algo que no lograba contener. El silencio quedó entre ellos. Pesado. Lleno. El duque la observó. —Eso… no fue normal. Alina no respondió de inmediato. Porque no podía. Porque su mente… no estaba en el salón. Estaba en ese momento. En sus palabras. En su mirada. En lo que acababa de pasar. —No… —murmuró finalmente—. No lo fue. Y eso era el problema. Porque ahora… ya no podía ignorarlo.






