El evento terminó.
Pero la sensación…
no.
Alina caminaba por los pasillos del palacio con pasos medidos, elegantes, como siempre. Nadie habría notado nada extraño en ella.
Nadie habría visto la tormenta.
Pero estaba ahí.
Y no se iba.
—No lo toques.
Las palabras se repetían en su mente.
Una y otra vez.
No como una orden.
No como autoridad.
Sino como algo más.
Algo que no encajaba.
Algo que no debía existir.
—No significa nada —susurró mientras avanzaba.
Pero esta vez…
no pudo convencerse.
Porque