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CAPÍTULO 13: Algo que no es tuyo

El palacio nunca se detenía.

Siempre había visitas.

Reuniones.

Invitados importantes.

Pero ese día…

algo era distinto.

—El duque de Arven llegará esta tarde —anunció una de las asistentes mientras caminaba junto a Alina por el pasillo principal—. Se quedará unos días en el palacio.

Alina asintió sin demasiado interés.

—Entiendo.

—Es cercano a la familia real.

—Como muchos aquí.

Su tono fue neutro.

Sin curiosidad.

Sin emoción.

Como todo últimamente.

Pero lo que no sabía…

era que esa visita cambiaría más de lo esperado.

El gran salón estaba preparado.

Luces cálidas, decoraciones impecables y la elegancia habitual que definía cada evento del palacio.

Alina estaba allí.

De pie junto a una de las columnas, observando en silencio.

No buscaba a nadie.

No esperaba nada.

Y definitivamente…

no lo buscaba a él.

Darian ya estaba presente.

Al otro lado del salón.

Como siempre.

Impecable.

Intocable.

Pero no tranquilo.

Sus ojos recorrían el lugar con atención…

hasta que la encontraron.

Alina.

Y esta vez…

no apartó la mirada.

—El duque de Arven.

La voz anunció su llegada.

Las puertas se abrieron.

Y entonces entró.

Alto. Seguro. Con una presencia distinta a la de los demás. No fría como Darian… sino abierta, natural, peligrosamente encantadora.

Sonreía.

Y eso ya lo hacía diferente.

—Alteza —saludó con una leve inclinación.

Darian asintió.

—Bienvenido.

Intercambiaron palabras formales.

Cortas.

Medidas.

Pero no fue eso lo que cambió el ambiente.

Fue cuando…

él la vio.

Alina.

Sus ojos se detuvieron en ella.

Y su expresión cambió apenas.

Interés.

Real.

Sin ocultarlo.

—¿Y ella? —preguntó, sin apartar la mirada.

Darian no respondió de inmediato.

Pero su mandíbula se tensó.

—Alina Veremont.

—Vaya…

El duque sonrió.

Y esa sonrisa…

no le gustó nada.

—Un placer —dijo, caminando directamente hacia ella.

Darian lo observó.

Sin moverse.

Sin intervenir.

Pero atento.

Demasiado atento.

Alina notó su presencia antes de que hablara.

—¿Alina, verdad?

Su voz era diferente.

Ligera.

Cálida.

Humana.

Ella levantó la mirada.

—Sí.

—Soy el duque de Arven.

Alina asintió levemente.

—Un gusto.

—El gusto es mío.

Y sonrió.

De verdad.

No como los demás.

No por protocolo.

No por obligación.

Eso…

la sorprendió.

—He oído mucho sobre ti —añadió él.

Alina arqueó ligeramente una ceja.

—Espero que nada demasiado exagerado.

—Solo lo suficiente para saber que tenía que comprobarlo por mí mismo.

Directo.

Pero no invasivo.

Natural.

Eso…

también era nuevo.

Y sin darse cuenta…

Alina respondió con algo que no había mostrado en días.

Una leve sonrisa.

Pequeña.

Pero real.

Al otro lado del salón…

Darian lo vio.

Y algo dentro de él…

se tensó de inmediato.

No fue una reacción lógica.

No fue calculada.

Fue instintiva.

Porque no era solo que hablaran.

Era cómo.

La forma en que él la miraba.

La forma en que ella respondía.

La forma en que…

ella no se veía como con él.

—Interesante… —murmuró alguien cerca.

Darian no respondió.

No podía.

Porque había algo creciendo en su pecho.

Algo incómodo.

Algo que no le gustaba.

—¿Te gusta este lugar? —preguntó el duque.

Alina dudó un segundo.

—Es… diferente.

—Eso no suena muy convincente.

Ella dejó escapar una pequeña exhalación.

—Digamos que aún me estoy acostumbrando.

—Entonces necesitas alguien que te muestre lo mejor del palacio.

Silencio.

Corto.

—Tal vez.

—Permíteme hacerlo.

Directo.

Claro.

Sin juegos.

Y por alguna razón…

Alina no lo rechazó.

—Lo consideraré.

Y eso fue suficiente.

Darian ya no estaba observando.

Estaba caminando.

Directo hacia ellos.

Sin pensar.

Sin medir.

Sin controlar.

—Alina.

Su voz interrumpió la conversación.

Ambos giraron.

El duque sonrió apenas.

—Alteza.

Darian no le devolvió la sonrisa.

—Necesito hablar contigo.

Alina lo miró.

Tranquila.

—Estoy ocupada.

Silencio.

El duque observó la escena con interés.

—No tomará mucho tiempo.

—Entonces espera.

El golpe fue limpio.

Darian sintió la tensión recorrerle el cuerpo.

—Ahora.

—Después.

La mirada entre ellos cambió.

Ya no era solo distancia.

Era choque.

—No.

Alina lo sostuvo.

—Sí.

Silencio.

Pesado.

Explosivo.

Y entonces…

Darian habló.

Más bajo.

Más peligroso.

—Ven conmigo.

No fue una sugerencia.

Fue una orden.

Y ahí…

todo cambió.

Alina lo miró fijamente.

—No.

Una sola palabra.

Pero suficiente.

Porque no fue solo negarse.

Fue hacerlo frente a otro.

Fue quitarle autoridad.

Fue romper el control.

Darian apretó la mandíbula.

—No repitas eso.

—Entonces no repitas órdenes.

El duque no intervino.

Pero observaba.

Y eso…

lo hacía peor.

Mucho peor.

—Esto no es apropiado —añadió Darian.

—Entonces no lo hagas aquí.

Respuesta perfecta.

Directa.

Imposible de contradecir.

Silencio.

Y entonces…

lo entendió.

No era solo que Alina se había alejado.

Era que…

ya no respondía a él.

En absoluto.

Darian dio un paso atrás.

Uno solo.

Pero suficiente.

—Como quieras.

Su voz volvió a ser fría.

Controlada.

Pero esta vez…

no era lo mismo.

Porque debajo…

había algo más.

Algo que no lograba ocultar del todo.

Y eso…

lo delataba.

Se giró.

Y se fue.

Sin decir más.

Sin mirar atrás.

Pero no tranquilo.

No esta vez.

Alina se quedó en silencio unos segundos.

Y luego…

respiró.

—Interesante —murmuró el duque.

Ella lo miró.

—¿Qué cosa?

—Él.

Alina desvió la mirada.

—No tanto.

Pero por dentro…

sabía que no era verdad.

Porque eso…

no había sido normal.

Y algo le decía que esto apenas comenzaba.

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